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Xabi Alonso se refirió a los partidos en los que enfrentó al astro del Barcelona cuando formaba parte del Real Madrid

Lionel Messi marcó un antes y un después en la historia del clásico entre Barcelona y Real Madrid. Su aparición fue lamentada por todos los capitalinos, que lo sufrieron en más de una oportunidad y, a esta altura, lo ven como su máximo verdugo. Y así lo reflejó Xabi Alonso, el mediocampista español que lo enfrentó en varias oportunidades con la camiseta merengue.

"Messi me ha hecho mucho daño, yo lo he sufrido mucho. Nos hizo estrujarnos mucho la cabeza. Hablábamos mucho con Mourinho y Sergio Ramos. ¿Cómo nos estaba haciendo daño? ¿Cómo lo podíamos controlar?", confesó en Ecos del Balón, el futbolista que se retiró al término de la temporada pasada en el Bayern Munich alemán.



Además, el español recordó: "Jugaba Messi y, por detrás, de interior derecho, Xavi. Y te provocaban. Xavi me enseñaba el balón, yo iba, Messi se metía en mi espalda y tenía que salir Sergio a por él, y nos machacaba". Y luego explicó cómo hicieron para controlar al argentino: "Fui yo, y no Sergio, el que se encargó de su desmarque. Xavi me llamaba, pero yo me quedaba con Messi y así Sergio no tenía que salir. A partir de ahí lo controlamos bien".


Existió un punto de inflexión en la goleada histórica del Barça por 5-0, de la que Xabi Alonso opinó: "Ese partido nos hizo cambiar muchas cosas". Messi se transformó en la obsesión del Real Madrid, al punto tal que el hombre que fue campeón del mundo con la selección española en Sudáfrica 2010 reveló: "Sacrificábamos metros y poder robar para priorizarlo a él. Cuando le controlamos en esa posición, los clásicos se igualaron".

Por último, contó cómo fue convivir con Josep Guardiola en el Bayern: "Jugábamos 90 minutos en campo contrario. Yo no cubría tantas distancias, guardaba mi posición y hacía esfuerzos medidos. De cara a mis últimos años, eso me vino muy bien. Aprendí mucho".










Fuente:infobae
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Es el “joven” Skywalker quien devuelve la mística al río desbordado de tantas historias paralelas y de tantos planes ambiciosos de Disney.

¿Cómo distinguiré el lado bueno del malo?, Luke Skywalker pregunta al Maestro Yoda. “The Empire Strike Back”.

Hay un elemento único que hace de Star Wars una épica, va más allá de los efectos especiales, las espadas láser, ese humor tan característicamente Han Soliano, las melancólicas miradas de nuestra querida Princesa Leia, los alaridos de Chewbacca, las frases cliché de C-3PO “Human Cyborg Relations” y el sonido de R2-D2.



Esa fuerza vital que mueve la saga es la contradicción, la duda, el fracaso, el miedo y la redención. Esa que en la maravillosa primera trilogía nos regaló para siempre la respiración y al villano más grande de todos los tiempos en el cine: Darth Vader y que además nos obsequió a ese jovencito torpe y confundido de la película llamado Luke Skywalker.

Bueno, a decir verdad ese ingrediente es lo esencial en esta ópera prima de Rian Johnson: “Traté de escribir y dirigir una historia que fuese emocionante y a la vez muy leal con la memoria completa de la saga. Ocurre como en la vida, cada vez que nos sorprendemos por algo y al mirar para atrás y reflexionar un poco descubrimos que algo así nos iba a pasar, inevitablemente”.

Porque más allá de una profundización y de un arco dramático mayor para personajes como Rey, Ben Solo (Kylo Ren), o el piloto Poe Dameron, lo que resalta es el “Regreso del último y verdadero Jedi”.

Es el “joven” Skywalker quien devuelve la mística al río desbordado de tantas historias paralelas y de tantos planes ambiciosos de Disney. Es en esa doble mirada, como los soles de Tatooine, la que hace bombear nuevamente la historia y la llena de sentido. Ahí en esa contradicción eterna de nuestro ya perdido maestro, en esas colinas rocosas de Ahch-To, en ese miedo y en esa frustración de su ser, está la esencia emocional de “The Last Jedi”.

No hay necesidad de detallar escenas, ni buscar comparaciones, ni paralelismos, ni tampoco entrar en la exegesis destemplada de buscar acá la oscuridad que encontró Irvin Kershner en “The Empire Strike Back”, simplemente hay que dejarse llevar por esas dos manos, una robotizada que recordará siempre los fantasmas del pasado y esa otra de carne y hueso que lucha con el destino de una orden que como la iglesia va muriendo en simbolismos por culpa de la hipocresía, la ambición y los abusos.

Las batallas y el despliegue escénico de explosiones es de gran factura, el humor es ingenuamente equilibrado, las nuevas criaturas caben en ese glosario eterno de bestias queribles o descartables, y los planetas del borde exterior sangran, se iluminan, y se llenan de pomposidad que es propia del juego que nos plantea Star Wars más allá de sus errores y aciertos en cada una de sus películas.

El verdadero enemigo y que brilla en “The Last Jedi” no es el olvidable “Líder Supremo”, ni el artificial Kylo Ren, ni tampoco esa “Primera Orden” que sigue a pie juntillas las torpezas de sus antecesoras dictaduras. El enemigo es otra vez esa sensación de duda permanente en Luke, una incerteza que maduró al verse solitario como “La última esperanza”.

Hay una belleza especial en “The Last Jedi” no por ser la despedida oficial de Carrie Fisher, ni por la demostración de que los Rebeldes no envejecerán y estarán en permanente renovación para escapar, luchar y traer el eslogan eterno de que “la alegría ya viene”. Lo que realmente devuelve la fe es la lucha interior y el tropiezo con la misma piedra.

Ahí en esa mirada de Mark Hamill está toda nuestra infancia: volver a sentir como un eco el soplido profundo de Darth Vader, ese padre redimido que hizo de su vida atormentada el verdadero leitmotiv de la saga.

¿Qué es verdaderamente eso que llaman “La Fuerza” finalmente?…¿mover piedras, flotar, entrar en la mente del otro, renacer en espíritu?. Fuerza parece ser según el rescate que hace Rian Johnson, eso que mueve a todo ser humano en su lucha interior. Y por eso “The Last Jedi” brilla, porque trae de regreso al amo Luke.
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El motivo es un conflicto interno en la Federación Española de Fútbol, cuyo proceso electoral genera preocupación por la posible intervención del Gobierno de Mariano Rajoy. Una carta desde Suiza advierte sobre las consecuencias que podría tener eso



La Federación Española de Fútbol (FEF) recibió un comunicado en el que la FIFA le advirtió que si el Gobierno español interfiere en el proceso de elecciones presidenciales, quedará excluido de todas las competencias en las que participa.

Esta carta, según anunció el diario "El País", llegó después de que se diera a conocer la propuesta de repetición electoral que promovió y presentó el Consejo Superior de Deportes ante el Tribunal Administrativo del Deporte para desvincular por completo a Ángel Maria Villar después de la polémica "Operación Soule".

"Cada miembro debe administrar sus asuntos de forma independiente y asegurarse de que no se produzca ninguna injerencia por parte de terceros en sus asuntos", remarca el artículo 13 de los estatutos de la FIFA.


Esta decisión nació después de la intromisión del Consejo Superior de Deportes para llevar a cabo un nuevo proceso electoral dentro de la Federación de Fútbol española, tras lo ocurrido con la "Operación Soule" en la que el ex presidente Villar fue suspendido por corrupción y presidido por Juan Luis Larrea.

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