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Desde ayer, el flagelo de los femicidios en la provincia sumará una nueva víctima y un nuevo asesino: Pablo Lotario Puzin (54), quien desde el martes de la semana pasada se mostraba preocupado por el paradero de su esposa, Estela Fidencia Arapayú (49), a quien en realidad asesinó y ocultó en un desagüe de agua tapado con una losa de cemento en su casa. 

La frialdad evidenciada por el femicida incluso quedó registrada ante los me
dios de comunicación, dado que el último domingo testimonios que ahora suenan escalofriantes.
“Estoy muy preocupado y quiero encontrarla lo antes posible. Quiero que regrese porque estamos todos preocupados por ella y su salud”, fueron las palabras expresadas por el hombre mientras aún mantenía el aberrante secreto de tener a su esposa dentro de un pozo en la misma propiedad en la que convivían con los tres hijos menores que tienen en común.

La denuncia por la desaparición de Arapayú fue radicada el martes al mediodía por Patricia (29), la mayor de los cinco hijos que la mujer tuvo producto de una relación anterior.

Desde ese día, el personal de la Unidad Regional IX comenzó con las averigaciones y los rastrillajes por Colonia Oasis, localidad ubicada a unos 13 kilómetros al fondo de Jardín América.

La versión hasta ese momento era que Arapayú había salido de su casa del barrio 5 de Viviendas de Oasis hacia una parada de colectivos para ir a Jardín a realizar trámites médicos para poder operarse de cálculos biliares.

Desde ese momento, todo fue angustia y desesperación en su familia, quienes desde un principio descreyeron la posibilidad de que la mujer deje el hogar sin motivo alguno y más aún que deje a sus hijos menores, de quienes -aseguran- no se despegaba ni un segundo.

Durante el inicio de la investigación Puzin fue demorado, pero estuvo solamente unas horas en la Policía y luego fue liberado porque no había suficientes indicios en su contra.

Para ese entonces, casi todos los hijos de Arapayú decidieron instalarse en Oasis hasta tener novedades de su madre, pero nunca imaginaron la perversa historia de la que fueron testigos durante exactamente una semana.

“Jamás nos imaginamos que iba a pasar esto. Que él -por Puzin- iba a estar durmiendo con nosotros acá, estando mi mamá ahí y mientras tanto nosotros buscándola por todas partes”, expresó ayer Verónica, otra hija de Arapayú, quien ayer dialogó con este diario en la vivienda de su madre.
Es que el caso tomó un giro rotundo el lunes a la noche, cuando los investigadores obtuvieron información y elementos que dejaron acorralado al concubino de la víctima.

Pesquisa
Según indicaron fuentes vinculadas a la pesquisa, la punta del ovillo fue un teléfono celular que los propios familiares de la desaparecida entregaron al encontrarlo en la casa.

Luego de esto, el aparato fue revisado por los especialistas de la UR IX, quienes detectaron manchas de sangre en el teléfono y esas gotas de color escarlata que luego certificaron que se trataba de flujo humano fue el disparador para regresar a Colonia Oasis.

Con autorización del Juzgado de Instrucción de Jardín América, a cargo del magistrado Roberto Sena, los uniformados policiales realizaron un allanamiento en la casa y terminaron encontraron más pruebas.

En el inmueble dieron con la cartera de la mujer, la cual presentaba manchas similares y al realizar las pruebas de luminol también detectaron vestigios de sangre en la cama matrimonial.

Ante esta batería de pruebas, el sujeto quedó inmediatamente detenido y fue trasladado hasta la dependencia policial, donde ayer se habría quebrado y confesado el crimen, aunque esto no fue confirmado oficialmente.

Lo cierto es que a primeras horas la Policía regresó al lugar, junto con personal de Bomberos, y casi sin vueltas comenzaron a revisar el predio.

Fue en esa instancia que terminaron hallando un pozo no muy profundo que funcionaba como desagüe del agua proveniente de la cocina y el lavadero, el cual estaba tapado por una losa de cemento con cubiertas viejas encima.

“Lo vimos colocando esas cubiertas encima de la tapa un día, pero nos dijo que era para proteger unas plantas que había plantado hace poco ahí cerca”, señalaron algunos de los familiares que ayer hacían vigilia en la casa de Arapayú hasta recibir el cuerpo para brindarle el último adiós.

Los efectivos movieron la tapa y se toparon con el horror. Allí dentro encontraron el cuerpo de una mujer en avanzado proceso de descomposición, lo cual dejó perplejos a todos los presentes.

“Mientras se hacía el procedimiento el lunes a la noche hablamos con él y hasta ese momento se decía inocente y estaba igual de preocupado que nosotros”, recordó Verónica.
Según lo que pudo averiguar este matutino, en paralelo al traslado del cuerpo y la dete
nción del sospechoso, los efectivos secuestraron más elementos de la vivienda como ser herramientas -entre ellas un martillo-, un hierro y una pala, que  ahora serán peritados.



Fuentes consultadas añadieron que la mujer presentaría una grave herida en la cabeza que se podría condecir con una fractura de cráneo, pero no se pudieron detectar más signos de violencia por el estado en que se encontraba el cuerpo.

Dicha herida más la existencia de manchas de sangre en una de las escenas hacen suponer que la mujer pudo haber sido ultimada de un golpe en la cabeza, pero esta arista será determinada fehacientemente con el examen de autopsia, cuyos resultados podrían conocerse entre hoy y mañana.
Por último, se pudo saber que un hijo de Arapayú y Puzin, de 15 años, está bajo resguardo policial y judicial.

Según indicaron, los pesquisas ahora intentan establecer si el adolescente puede estar ocultando algún tipo de información -ya sea por temor o para encubrir a su padre- o incluso pudo haber ayudado a esconder el cadáver de su madre.

Las dudas se basan en que durante estos días de búsqueda el joven había señalado que vio a su madre salir de la casa ese martes a la mañana y que lo hizo vestida como para ir al centro, pero al momento del hallazgo el cuerpo vestía solamente una remera y prenda íntima.
Ante tal compleja situación, en las próximas horas el muchacho sería entrevistado por un gabinete multidisciplinario y en dicha audiencia se pretende dilucidar qué es lo que sucedió realmente. 

“Planeaba separarse”
Según lo que pudo reconstruir este matutino, Puzin y Arapayú estaban en pareja hace aproximadamente catorce años, aunque tuvieron un distanciamiento que duró al menos dos, pero se reecontraron y a fines de 2018 se casaron.
Justamente, esa separación que hubo en el medio de la relación se debió a los conflictos de convivencia que mantenían y a los constantes reclamos y escenas de violencia que el hombre infundía sobre la mujer.
Quienes recordaron toda esta situación fueron Patricia y César, dos hijos de Arapayú, quienes ayer hablaron con este matutino instantes después de culminar con trámites policiales.
Para Patricia, al igual que para sus hermanos, la desaparición de su madre desde un principio fue poco creíble.
“Era rarísimo para todos porque sabíamos que ella salía y se llevaba a los chicos, o por lo menos a la más chica. Se iba a hacer compras y la llevaba, entonces era muy raro todo”, dijo la mayor de las hijas de Arapayú.
Y continuó: “Yo hice la denuncia, me vine desde Roca. Cuando llegué acá -por la comisaría- me dijeron que era muy raro que mi padrastro, siendo el esposo, no haya venido a hacer la denuncia antes. Yo por ser la hija vine toda preocupada y apurada. Ahí les pasé el número de mi padrastro, a la tarde se contactaron con él y quedó detenido 24 horas, pero no encontraron nada, recorrimos todos juntos el patio de mi casa y no encontramos nada raro. Ahí él empezó a hablar por todos lados desesperado. Es una persona enferma, muy fría”. 
En cuanto a antecedentes de violencia en la relación, Patricia narró que “pasa lo mismo de siempre. Nosotros ya le conocíamos. Agresión física no veíamos, pero sí psicológicas y verbales”.
“Él cuando se enojaba no hablaba: gritaba. Y mi vieja nunca decía nada, siempre se callaba. Ella era mucha inocencia”, añadió César. 
Los hijos de Arapayú también recordaron el último contacto que tuvieron con su madre y esto puede llegar a ser clave para la investigación que ahora dio inicio.
La mujer estaba como desaparecida desde el martes pasado y César recordó haber hablado con ella por Whatsapp un día antes.
“Ella me escribió el 6 contándome que planeaba separarse, venir a hacer una denuncia para poder irse tranquila de la casa con los chicos e ir al Juzgado también para hacer todo bien y  sacar de la casa lo que era de ella. A mí me había dicho que planeaba juntarse con una señora acá -por Jardín América- que iba a ser más barato, o alquilar, pero que no quería estar más allá porque el otro le peleaba por todo”, manifestó César.
Patricia tomó el hilo de la conversación en ese punto y recordó cómo fue la separación de su madre hace unos años.
“Ella se separó una vez de él, estuvieron así dos años por ahí. Ella se mudó a Jardín y se vino con los chicos en ese momento, pero volvieron a contactarse y entendemos que volvió con él solamente por los chicos, ninguno de los allegados queríamos que volvieran a estar juntos. Por eso ahora cuando desapareció nosotros llegamos a pensar que por ahí ella se había cansado de estar ahí de nuevo y había decidido irse”, recordó.
Los tres hijos entrevistados señalaron que Puzin estaba bajo tratamiento psiquiátrico y coincidieron en señalar que padecía bipolaridad.

fuente: TD
Axact

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