El asesinato de dos hermanitos en medio de un ritual satánico ocurrido en la localidad brasileña de Novo Hamburgo conmovió a todo el país y ese sentimiento trascendió fronteras. Pero la tortura que vivieron los pequeños tuvo especial repercusión en el NEA argentino, debido a que los investigadores del caso creen que las víctimas podrían ser correntinas o misioneras.

Esta hipótesis está sustentada, entre otras cosas, por la presunta implicancia del misionero llamado Jorge Adrián Alves, del que muy poco se sabe hasta el momento, aparte de sus antecedentes penales que le valieron años encerrados en la cárcel de Eldorado. Alves se ha convertido en un fantasma para la Policía Civil brasileña, que desde diciembre lo busca junto a otro prófugo.
Pero no sólo eso, las personas que son o fueron cercanas a él no pueden creer ni entender cómo alguien pudo estar ligada a semejante atrocidad, al tiempo que especularon en que podría no saber del plan que había detrás del rapto de los chicos. Cabe recordar que la pesquisa lo señala como la persona que llevó los niños a Brasil para entregarlos en suerte al presunto brujo.
En los últimos días, El Territorio visitó lugares donde Alves vivió y relevó testimonios de las personas que lo conocieron, reconstruyendo así gran parte de su vida.
Muchos lo describieron como un hombre muy bueno, trabajador y especialmente cariñoso con los niños, sobre todo con sus dos hijos, a los que tuvo con diferentes parejas. “Moría por ellos”, aseguraron.
En esta búsqueda, sin embargo, fue imposible encontrar a alguien dispuesto a hablar públicamente sobre él. Temen que pueda tomar represarías desde el anonimato o simplemente no quieren estar ligados a dos infanticidios. Nadie, absolutamente nadie, pude relatar con palabras el sacrificio y sus circunstancias. Todos se refieren a “lo que hizo”, “de lo que le acusan”, “lo que dicen”.
Según pudo saber este matutino, efectivos de la Policía Federal Argentina (PFA) siguen sus pasos e incluso ya recorrieron domicilios ligados a él en Posadas, donde trabajó como carpintero hasta volver a Novo Hamburgo, a fines del 2016.
La última vez que estuvo contacto con sus familiares fue en julio pasado, cuando llegó a Bernardo de Irigoyen “para comprar caballos”, según dijo. Fue un paso fugaz, sin detenerse mucho tiempo. Y volvió a desaparecer.
Jorge Adrián Alves o ‘Dan’, como lo llaman muchos, nació en el hospital de Bernardo de Irigoyen en 1984.
Su infancia estuvo lejos del pueblo, puesto que se crió en la zona rural y vivió en el paraje Kilómetro 80, sobre la ruta provincial 17. Fue a una Escuela de Familia Agrícola (EFA) y casi siempre trabajó en el monte, junto a su padre.
Posiblemente, por eso las autoridades de la Unidad Regional XII, con muchos años de experiencia en la zona, no saben quién es y no pudieron relevar mayores datos sobre él.
En este sentido, otro punto clave en la reconstrucción de su vida es que nunca tuvo conocidos o trabajos en Corrientes. Nadie de su familia recuerda que el muchacho tenga vínculos en esa provincia.
En un hogar violento, su mamá se separó de él y sus tres hermanos cuando tenía cinco años. La relación con ella fue nula y recién se reencontraron cuando él fue mayor de edad. La señora, impedida de ver a sus hijos, rehízo su vida y tuvo otra familia, con la que no tuvo mucha relación pero fue un gran sustento en sus momentos más difíciles.
Su primer desembarco a Brasil ocurrió a los 17 o 18 años, depende a quién se le consulte. Si bien no se sabe cómo, empezó a trabajar en Novo Hamburgo para uno de los primeros acusados que hay por el brutal crimen de los hermanitos: Jair Da Silva. Se trata nada más y nada menos de quien habría pedido el sacrificio, junto a su socio Ademir Da Silva, en busca de prosperidad económica.
Jair fue descripto como una persona religiosa, un hombre de familia, con cinco hijos, que iba mucho a la Iglesia Evangélica. Él contrató a Alves para que trabaje en el rubro de zapatería, cociendo y pegando suelas de calzados en un taller.
Ahí se quedó a vivir el misionero y ahí conoció a una adolescente brasileña que luego se transformaría en su primera mujer, con quien tuvo su primer hijo, hace diez años.
Justo antes del nacimiento de ese pequeño, luego de más de cuatro años en Brasil, Dan decidió volver a Argentina. El trabajo en su rubro empezó a entrar en crisis y con el dato de que la fábrica de calzados deportivos Dass iba a abrir -lo hizo en abril del 2007-, se mudó con su mujer nuevamente a Misiones, más precisamente a Eldorado.
Con su experiencia, ambos ingresaron a la fábrica y recomenzaron su vida. La familia tenía un trabajo estable y proyectaban un buen futuro, pero nada de eso pasó.
“Él empezó a trabajar acá sí, pero salió a robar por ahí y estuvo preso acá en Eldorado, pero después no supimos más nada”, contó escuetamente un ex jefe suyo.
Nadie puede explicar o entender cómo Dan irrumpió en el mundo del hampa y a varias personas les contó historias diferentes sobre cómo terminó en una celda. Ninguna creíble, por cierto. En medio de una crisis matrimonial, fue detenido en la propia fábrica, según contaron algunos trabajadores.
En octubre del 2011, el Tribunal Penal Uno de Eldorado lo condenó a seis años y ocho meses de prisión por dos hechos de robo calificado por el uso de armas de fuego y fue trasladado a la Unidad Penal local.
Encerrado aprendió o perfeccionó el oficio de la carpintería, se reencontró con su madre y cada tanto recibía la visita de su hijo, aunque con el correr del tiempo su por entonces ex pareja decidió que no era un ambiente para una criatura.
También privado de su libertad conoció a su segunda mujer y concibió a su segunda hija. Sus días tras las rejas terminaron en octubre del 2014, cuando accedió al beneficio de la libertad condicional. A fines de ese año, se instaló nuevamente en el municipio más oriental del país, esta vez en las afueras de Bernardo de Irigoyen.
“Cuando llegó no tenía ni una cuchara”, relataron algunos consultados. La familia de su mamá le dio una gran mano con varias cosas y se instaló en una pieza de alquiler.
“Muy educado y muy reservado el chico. Cuando me enteré en las redes sociales me sorprendí, aunque sabía que tenía antecedentes y que fue preso. Para la vecindad acá era muy buena persona”, señaló una vecina.
A partir del recorrido por el barrio, se pudo establecer que Alves se las arregló con trabajos de carpintería y cortando pasto, entre otras changas.
“Tenía una señora y una nenita y se quedó un año ahí haciendo trabajo. Después cuando no tenía más trabajo se fue a Posadas. Hace más o menos dos años”, confirmó la misma vecina, con la que entabló una relación de mucha confianza.
En Posadas, se puso una carpintería a principios de 2016 y vivió en cercanías del barrio Bella Vista, a pocos metros de la ex ruta 213.
La mujer que le alquiló no podía creer cuando vio su nombre en las noticias. A la capital provincial había llegado por recomendación de una hermana, a quien las autoridades policiales visitaron y cuya casa revisaron.
No duró mucho. El 26 de diciembre del 2016, después de pasar la Navidad con su familia, tomó una mochila con pocas cosas y salió de su casa sin avisar a nadie. Después, su pareja se enteró que él nuevamente estaba en Novo Hamburgo, trabajando con Jair en la explotación de montes.
Era algo que venía planeando hace mucho, aduciendo que allá ganaba mucho mejor.
Su mujer nunca lo volvió a ver, ni tampoco hubo una reconciliación que le permita un reencuentro con su hija.
Hasta allí lo que se sabe. A mediados del año pasado, Dan pasó por Bernardo de Irigoyen y saludó brevemente a los familiares que lo habían cobijado con la excusa de los caballos.
En septiembre, fueron encontrados descuartizados un niño de entre 8 y 9 años y una niña de entre 10 y 12, que según las autoridades brasileñas cambió en tierras argentinas por un camión robado.
Por el caso están detenidos Ademir Da Silva, su socio Jair Da Silva -con quien había encomendado el ritual por 25.000 reales-, el hijo de éste, Andrei Jorge Da Silva, el brujo Silvio Fernandes Rodrigues y Marcio Mirando Brustoni. Además del misionero, también está en condición de prófugo Andersson, el otro hijo de Jair.
Juntos fueron calificados como los “7 discípulos de Satán”, que es el número de asistentes que se necesita para este tipo de sacrificio, según las reconstrucciones de la prensa brasileña.
Incluso, un albañil del templo aseguró a la Policía presenciar, sin querer, el sacrificio -fue a la noche a buscar su billetera olvidada- y detalló que también estaba el “argentino flaquito”.
El final de los niños fue macabro. Descuartizados y arrojados en bolsas y cajas a un malezal de Novo Hamburgo, donde un vecino se topó con ellos de manera casual.
Hasta ahora, las víctimas no pudieron ser identificadas. En Brasil nadie reclamó por ellos y sus ADN no fueron encontrados en los bancos de datos de ese país.
Los investigadores brasileños dicen que Alves cambió a los dos hermanitos por un camión robado en Corrientes, pero los entrevistados que conocieron al sujeto aseguran desconocer que él tenga vínculos o conocidos en esa provincia.


Su foto, entre el desconcierto y la esperanza
Cuando las noticias del macabro asesinato de los niños en Brasil salieron a la luz, las reacciones de sus cercanos fueron de incredulidad. Nadie lo consideraba una persona capaz de participar de semejante maldad.
Las informaciones sobre él regaron todos los diarios e informativos y eran muy coincidentes con su vida, no había mucho margen a la equivocación.
Sin embargo, una de las cosas que los desconcertó -y esperanzó- fueron las imágenes que se divulgaron.
Ninguna foto dada a conocer por los investigadores del vecino país corresponde al misionero (si la que hoy se publica). ¿Será posible que las autoridades brasileñas saben a quién buscan, pero no cómo es?


7 Discípulos de Satán.
Así fueron calificados los siete implicados en la investigación que estremece a Brasil y a la Argentina. Además de Alves, los involucrados son: Ademir Da Silva, su socio Jair Da Silva, el hijo de éste, Andrei Jorge Da Silva, el brujo Silvio Fernandes Rodrigues, Marcio Mirando Brustoni y Andersson Da Silva, también prófugo hasta ahora.

1984
Nacimiento.
Alves nació en el hospital de Bernardo de Irigoyen. Pasó su infancia en el paraje Kilómetro 80 y vivió en el pueblo hasta los 17-18 años, cuando se fue por primera vez a Novo Hamburgo, Brasil.

2007
Eldorado.
La crisis afectó a Brasil y Alves decidió volver a Misiones. Se asentó en Eldorado, donde comenzó a trabajar en la fábrica Dass. Allí vivió junto a su primera mujer y a su primer hijo.
2011
Condenado.
En 2011, Alves fue condenado a la pena de seis años y ocho meses de prisión por dos hechos de robo a mano armada. Salió en 2014 tras obtener el beneficio de la libertad condicional.

2016
Posadas.
Tras ser liberado, el hombre volvió a vivir en Irigoyen, pero a principios de 2016 decidió mudarse a Posadas, donde puso una carpintería en cercanías al barrio Bella Vista. Allí estuvo hasta el 26 de diciembre, cuando después de la Navidad regresó a Novo Hamburgo sin avisarle nada a nadie.

2017
Ritual y búsqueda.
En septiembre, la Policía brasileña encuentra los cuerpos de los niños descuartizados. Su nombre aparece en la mira de los investigadores y en diciembre deciden ir a buscarlo para detenerlo pero no lo encuentran. Desde ahí está prófugo. En julio fue la última vez que cruzó a Brasil de manera legal por Irigoyen.

R$25.000
Es el monto que Jair Da Silva y su socio pagaron para poder acceder al ritual en el cual sacrificaron a los dos hermanitos. Los dos están presos en Brasil. Su objetivo era conseguir prosperidad y éxito en unos negocios inmobiliarios.

 Fuente:
Axact

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