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Una próxima e inevitable demanda creciente de pilotos, sumada a la poca actividad aérea de la aviación militar, pone en una peligrosa situación a la Fuerza Aérea Argentina.

A partir del alerta emitido desde un portal especializado en temas de defensa, Infobae consultó a distintos referentes del sector acerca de cuáles son las posibilidades reales de que una abrupta demanda de mano de obra especializada indujera a una gran cantidad de pilotos militares a abandonar la profesión para optar por los suculentos salarios de la aviación civil y, principalmente, hacer lo que ahora no pueden: volar.

El portal digital "Zona Militar" citó como antecedente lo ocurrido en la aviación militar en la década del 90 cuando los pilotos militares emigraron masivamente al ámbito privado. Según fuentes cercanas a la fuerza, la aparición de empresas aerocomerciales nuevas y el crecimiento de las existentes tuvieron una fuerte incidencia en las fugas masivas.
LAPA, Southern Winds, DINAR, LAER y Aerovip, entre otras, jugaron un papel decisivo al igual que la repotenciación de Aerolíneas Argentinas y Austral merced a la revitalización del turismo al exterior.

Entre 1993 y 2007, 400 oficiales de jerarquías entre alférez (primer grado en la carrera) hasta vicecomodoro (grado inmediato anterior a la jerarquía de oficial superior) abandonaron la fuerza optando por el retiro o la baja. El 70% de esos oficiales eran pilotos; el resto, personal de otras especialidades de apoyo al vuelo.

Todo éxodo de personal superior implica la imposibilidad de ser reemplazado por la vía del ingreso de nuevos oficiales, ya que la experiencia acumulada y el dinero invertido en su preparación se pierden irremediablemente.

Los aviadores militares ahora en las filas de aviación civil consultados señalan que al margen de la sustancial diferencia salarial, la falta de operatividad los indujo a abandonar la carrera militar.

Formar un aviador militar considerando el paso de cada cadete por la Escuela de Aviación Militar (de la que egresa con la formación básica) más el curso de aviador militar, tiene un costo para el Estado nacional de $450.000.-. A esto se le debe agregar luego la especialización en los distintos sistemas de armas. Ala fija o rotatoria (aviones o helicópteros); a su vez los aviones pueden ser de combate o de transporte. En todos los casos se adicionan sumas que llegan –a valores de hoy– hasta los $600.000.- por oficial.

Desde ese punto y hasta que el piloto sea plenamente operativo, acumulando experiencia y destreza, el país invierte otros casi $9.000.000. "La cifra es astronómica, como para darnos el lujo de despojarnos de un recurso humano de semejante valor", añade una de las fuentes.

A partir de la llegada de los nuevos emprendimientos aerocomerciales denominados low cost, la realidad sorprende a la fuerza con poquísimos aviones en condiciones de volar frente a las tentadoras ofertas que las empresas privadas lanzan al mercado laboral. El panorama se completa con el "boom" de pase de personal militar a nuevos emprendimientos policiales como, por ejemplo, la Policía de la Ciudad.

Según datos del Ministerio de Defensa, en un año 15 pilotos con máxima aptitud de vuelo dejaron la fuerza. El costo de la pérdida fue de $150.000.000. Si se suman 7 otros pilotos jóvenes, la inversión total desperdiciada es de $202.500.000.

Mal de muchos
El fenómeno no es exclusivo de la Argentina, muchas fuerzas aéreas del mundo sufren situaciones parecidas. A nivel regional por ejemplo la aviación militar de Chile experimenta una asombrosa analogía con la FAA. Pero el problema también sucede en Europa, donde la Royal Air Force inglesa, la Aeronáutica Militar Italiana (AMI) y muchas otras están ideando medidas para frenar los traspasos.

Resulta evidente que jamás un salario militar podrá equiparar al de la actividad privada, pero no es menos cierto que el mundo está poniendo en práctica normativas legales no para prohibir lo que no se puede prohibir, pero sí para incentivar la permanencia de los oficiales con mayor nivel de entrenamiento.

En este aspecto, y considerando que existe en toda fuerza militar lo que se llama "tiempo mínimo de permanencia" durante el cual si el militar se quiere ir debe indemnizar al Estado, países como Italia ya han promulgado normas que otorgan compensaciones a los pilotos que estando en condiciones de irse de baja no lo hacen.

Las permanentes estrecheces económicas del presupuesto militar nacional tal vez dificulten una solución de "salarios diferenciados", máxime considerando la equivalencia entre salario y grado con las demás fuerzas, pero como sea, los estudiosos en este tema ponen énfasis en los siguientes aspectos:

1) De mantenerse el actual nivel de fuga de pilotos, se verá comprometida la capacidad operacional de la aviación militar (lleva mucho más tiempo formar un piloto que comprar un avión).

2) Los poderes Ejecutivo y Legislativo tienen la responsabilidad primaria sobre el diseño y mantenimiento de un sistema defensivo capaz de proteger los intereses de la Nación, contando para ello con el debido asesoramiento por parte de las FFAA.

3) Cualquier medida a adoptar debería contemplar analogías con otras fuerzas; por ejemplo, la Armada tiene problemas similares tanto en su aviación naval como en su personal de superficie que emigra a la Marina Mercante.
Axact

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