El Padre Carlos no comenzó bien su día ya que delincuentes le robaron uno de los objetos más valiosos que tenía en su poder: el cáliz, el vaso en el que se consagra el vino en la eucaristía.

El Padre Carlos, quien se desempeña en la Iglesia de la localidad de Leandro N. Alem, no encuentra consuelo ya que la Copa fue traída desde Jerusalén en uno de sus viajes.

Durante la Santa Misa solicitó a los presentes que si alguien les quiere vender que la compren a cualquier precio y que él les devolverá el dinero, "es lo más grande que me pudieron robar", dijo.

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