Con un soplete, Amado Boudou había mandado a pintar de blanco la boiserie de raíz de nogal en la histórica oficina de la presidencia del Senado. Y el escritorio, que desde hacía casi medio siglo ocupaba la amplia oficina del vicepresidente de la Nación en el Palacio del Congreso, estaba arrumbado en el sótano del edificio y había sido reemplazado por una mesa moderna de vidrio y caños cromados. Para coronar la reforma, el vicepresidente de Cristina Kirchner sacó la enorme araña y puso un disonante plafón en el techo.

Eso fue lo primero que vio Marta Gabriela Michetti (52) cuando entró a su flamante despacho en el Senado de la Nación, el 10 de diciembre de 2015, el día que asumió como vicepresidenta de la Argentina junto a Mauricio Macri.

"Se había adueñado de los salones y oficinas como si fueran propias y no patrimonio histórico de todos los argentinos. Una cosa de un mal gusto terrible que no respetaba el legado y la tradición. Eso era un símbolo de cómo funcionó el Estado durante el kirchnerismo: tomaban las cosas como si fueran suyas y no de la gente", dice.

Ahora Gaby -la llamaré así porque nos conocemos desde hace años- está en su oficina de la Casa Rosada. Dos Granaderos la escoltan por los pasillos, y se quedan firmes en la puerta mientras conversamos.

Macri está a pocos metros, en su despacho presidencial. "Nosotros con Mauricio somos realmente un equipo de presidente y vice, no es que uno agarra por un lado y otro por el otro, trabajamos muy juntos".

—Desde Alfonsín para acá muchos vices querían que al presidente se le cayera un piano en la cabeza para ocupar ese lugar. ¿No tenés esa ambición de llegar a la presidencia?

—Respeto a quienes se ponen esos objetivos, a los que tienen esa ambición, porque no es necesariamente malo. Pero tengo la sensación de que si vos te ponés por delante un cargo, eso termina cercenando el trabajo y la responsabilidad del día a día.

—¿Nunca pensaste en "ahora voy a ser…"?

—Nunca pensé en ser legisladora, ni diputada, ni vicejefa de gobierno, ni senadora, ni vicepresidente. Todo fue ocurriendo a partir de lo que yo iba haciendo. Y eso es bueno.

—Pero vos quisiste ser jefa de la Ciudad y te enfrentaste a Horacio Rodríguez Larreta… y a Macri también.

—Fue la única vez que tuve una decisión de ocupar un lugar. Pero no es que mi tarea anterior venía apuntando a eso, sino que en un momento dije: "Me parece que ese es el lugar que tengo que ocupar y me parece que le viene bien al equipo".

 Mauricio se volcó a apoyar a Horacio con vehemencia, y por supuesto me produjo dolor que se jugara tan fuerte por él. Yo hubiera preferido que estuviera más neutral
—Larreta era "el niño favorito" de Macri. De hecho muchos dicen que terminaste siendo la vicepresidenta porque Juliana Awada le dijo "es Gabriela, le corresponde".

—Primero, tenía la convicción de que podía ser un cambio interesante ocupar ese lugar porque soy mujer y el PRO había tenido dos gestiones conducidas por un hombre. Entonces le dije a Mauricio: "Esto nos va a venir bien aunque genere miedos". Porque las internas en el país siempre son un lío, producen tiranteces, se rompen los partidos, se lastiman todos. Pero yo sabía cómo iba a actuar si perdía. Yo le decía: "No tengamos miedo porque yo sé que si pierdo voy a estar al segundo trabajando por Horacio".

—Pero Mauricio eligió a Horacio… ¿te dolió?

—Mauricio se volcó a apoyar a Horacio con vehemencia, y por supuesto que no me gustó y me produjo dolor que se jugara tan fuerte por él. Obvio que yo hubiera preferido que estuviera más neutral. Pero él creía que Horacio tenía mejor perfil para la gestión de gobierno que yo, y que yo tenía perfil para acompañarlo como vicepresidenta.
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