El depravado, de 43 años, admitió que abusó del niño cuando tenía 8. Ocurrió en noviembre de 2014 en una vivienda de San Vicente.

“No digas nada o lo vas a pagar bien feo. Te voy a volver a violar”, esas fueron las amenazas del depravado, de 43 años, a su hijastro de tan solo 8.


El niño, temiendo que se repitan esos maltratos, guardó silencio. Sin embargo, su madre descubriría lo ocurrido.

Fue así que a fines de 2014 el caso salió a la luz luego de que la mujer formalizara la acusación contra su concubino.

Finalmente el hombre, que era empleado de una cooperativa, se vio rodeado por los testimonios y por las pruebas científicas en su contra, por lo que terminó confesando ser el autor de los abusos, tras lo cual acordó un juicio abreviado donde lo sentenciaron a la pena de 12 años de prisión.

“Abuso sexual con acceso carnal agravado por la convivencia”, fue la acusación del Ministerio Público.

El acuerdo entre la fiscal Estela Maryx Salguero de Alarcón y la defensa ya fue homologado por los magistrados Francisco Aguirre, José Pablo Rivero y Amalia Avendaño, miembros del Tribunal Penal 1 de la Segunda Circunscripción Judicial, con asiento en Oberá.

“No digas nada”
El lamentable episodio se registró en noviembre de 2014 cuando el acusado residía en una vivienda de San Vicente junto a su pareja quien tiene dos hijos varones: en ese momento tenían 8 y 3 años.

En una oportunidad, la mujer realizó un viaje a la localidad de Jardín América por cuestiones laborales. A raíz de ello, le pidió a su pareja que cuide de los niños, solo un par de horas.

Cuando ella salió de la casa el malviviente aprovechó: llevó al mayor de los varoncitos a la habitación, lo acostó en la cama y tras golpearlo lo sometió sexualmente. Luego lo amenazó para que no dijera nada.

Horas más tarde, cuando la madre regresó a la vivienda, notó que algo estaba mal. Se percató que su hijo estaba asustado y tras preguntarle qué le ocurría el menor rompió en llanto y relató el calvario que debió soportar.

Alarmada por lo ocurrido, tomó a ambos pequeños en los brazos y corrió a la dependencia policial donde radicó la denuncia contra el sujeto. Ese mismo día la Policía apresó al acusado.

El sospechoso debía llegar al banquillo de los acusados en los próximos días, pero abrumado por las pruebas y para evitar el escarnio público, finalmente decidió confesar los hechos.

Cumplirá lo que resta de la pena en la Unidad Penal II de Oberá.
Axact

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