A casi diez días del ataque de Estados Unidos contra el Estado Islámico, hay poca evidencia de daños materiales y humanos en la remota zona de la provincia de Nangarhar

El pasado 14 de abril Estados Unidos lanzó la GBU-43/B, considerada la "madre de todas la bombas", en la provincia de Nangarhar, en Afganistán, cerca de la frontera con Pakistán. A diez días del ataque contra una posición del Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés), en esa remota zona se pueden evidenciar signos de alarma, pero poca evidencia de daños materiales y humanos que pudiera haber causado la explosión.

Una serie de imágenes difundidas en las últimas horas muestra árboles quemados y algunas estructuras de barro y ladrillo arruinadas.

A unos pocos cientos de metros del epicentro del ataque, las hojas de los árboles permanecieron intactas, según reveló un testigo a la agencia Reuters. Desmintiendo así las especulaciones sobre una posible onda expansiva destructiva de casi un kilómetro y medio.

En la ladera de la montaña quedaron grandes cráteres como consecuencia de la explosión.

Desde el lanzamiento de "la madre de todas las bombas" sobre un complejo de túneles fortificado del Estado Islámico, el acceso al sitio ha sido controlado por las fuerzas norteamericanas, que luchan junto a las tropas afganas contra los terroristas.

Las autoridades afganas señalaron que cerca de cien terroristas de ISIS fueron abatidos, mientras que no se registraron civiles caídos.
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