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Celebra Argentina la suspensión de Arturo Vidal, ese todocampista impactante. Además, le provoca alivio que arriben “tocados” Gary Medel, la máxima referencia defensiva, y Alexis Sánchez, el delantero más amenazante. Cualquier rival de Chile desearía un escenario así. Sin embargo, Edgardo Bauza también pierde una pieza determinante para enriquecer el equipo en diversos rubros y, en especial, para establecer complicidades con Lionel Messi y con Gonzalo Higuaín. Se trata de Paulo Dybala. No hay otro que englobe los rasgos futboleros de La Joya.

El cordobés de Laguna Larga, a los 23 años, no es sólo la única luz capaz de desafiar a la oscuridad que asusta en el futuro a largo plazo de la Selección Nacional. Después de Rusia 2018 se intuye un vacío. ¿Qué habrá luego de esta generación de futbolistas sensacional aunque aún persiga sin éxito una coronación? Un ratito más de Messi y... Dybala. Ya habrá tiempo para pensar esa situación y sufrirla. Ahora preocupa la baja del zurdo ex Instituto por una lesión muscular.

Imaginaba Bauza a Dybala entre Messi y Di María, en el corazón de esa línea de tres que se ubicará detrás de Higuaín. Al cabo, era la gran oportunidad para observar en acción a la fórmula ofensiva ideal del Patón. Y cautivaba la propuesta.

Aunque fueron sólo 45 minutos, hasta que lo expulsaron, en aquella etapa inicial ante Uruguay en Mendoza, prometió Dybala ser un buen compinche de Messi por la movilidad, por la intención de asociarse en el toque corto y en la pared, por la astucia para frenar o acelerar según lo que imponga cada escena, por la inteligencia para buscar y generar espacios entre los volantes de contención y los defensores adversarios. Un combo de variantes crucial para oxigenar al mejor futbolista del planeta, algo que la Selección casi nunca logró. Si la primera vez, en un tiempo, Dybala le ofreció tanto a Messi, vaya si se justificaban las expectativas.

Muchas más pruebas se acumulan sobre la sociedad que Dybala construyó con Higuaín en la Juventus. Sólo basta con mirar la liga italiana, o con navegar en internet y estacionar en videos de goles del líder del calcio. En casi todos los festejos, ellos aparecen asistiendo y definiendo, en general intercambiando esos roles. Jugando juntos, entre ambos suman 36 goles en 31 partidos.

Aunque en la Selección únicamente coincidieron en 64 minutos en el 2-2 con Perú (con el zurdo volcado a la derecha, lejos del Pipa, al revés de lo que sucede en Italia) y en 26 minutos en el 0-1 ante Paraguay (el cordobés ingresó cuando Argentina era caótica), el dúo Dybala-Higuaín proyectado en celeste y blanco, con roles similares a los que desarrollan en la Juventus, disparaba múltiples ilusiones frente a Chile, pero...

Tal como le ocurrió con Brasil y Colombia, un problema muscular vuelve a marginar a Dybala, aunque el parte médico oficial siembre una mínima esperanza. Sergio Agüero (candidato a reemplazarlo) no retrocede tanto como el cordobés y es menos claro en la elaboración, mientras que Ever Banega (la otra opción) no es ni tan eléctrico ni tan vertical.

Aparte de un excelso ejecutante de remates desde afuera del área con pelota detenida o en movimiento, sin Dybala se pierde a un especialista en generar sociedades. Messi, Higuaín y la Selección deberán seguir esperando. Es una pena.
Axact

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