Joselo Schuap y sus amigos dieron inicio a una nueva caravana acuática que los depositará, en unos días, en la Fiesta Nacional del Chamamé, en Corrientes Capital. El raid náutico dio inicio ayer por la mañana en el Club de Río, San Ignacio.



PPA// Con escalas en Posadas, Isla Apipé, Ituzaingó, Itá Ibaté, Yahapé, Itatí para finalizar el 21 de este mes en las aguas de la Playa Arazaty, bajo el puente General Belgrano de la capital correntina, Joselo Schuap junto a sus amigos Maka Sequeyra (guitarra), Yoni Mombage (acordeón), Neco Swiderski, Sergio Favot (charango) y David Nanio (percusión), emprendieron una nueva aventura acuática.

“Paraná es Chamamé es una manera de llevar nuestra música por la orilla del río, transmitiendo la cultura y los valores de nuestros ancestros”, relata Joselo, quien iniciara esta aventura luego de participar de ese gran suceso denominado Orquesta de Río Infinito, que en el año 2009 surcó las aguas de la cuenca del Paraná desde las Cataratas del Iguazú hasta Rosario junto a una pléyade de artistas y músicos latinoamericanos para compartir así, las sonoridades de América.



La Orquesta Río Infinito es un movimiento artístico-ambiental del continente americano, integrada por personas del ámbito musical, artístico, social, activista y ambientalista, dirigida por el músico costarricense Manuel Obregón. Luego de esta experiencia, Joselo decidió, a su manera y siempre de manera gradual pero creciendo edición a edición, aventurarse en las aguas del Paraná para generar transmitir nuestra cultura ancestral y bregar los ríos libres, libres de represas y la manipulación indiscriminada del hombre.

Una ola que llega desde Corrientes
“Este programa es troncal en la Fiesta del Chamamé y es un implícito reconocimiento a las localidades costeras, a los pescadores y a la cultura del río”, explicó Eduardo Sivori, coordinador general de la Fiesta Nacional del Chamamé. “Nosotros llevamos la música por medio del río Paraná. En el año 2009 tuvimos la posibilidad de participar de la Orquesta de Río Infinito. Ese fue el germen y el motor de lo que vino después. Creo que con este programa se amplió el abanico cultural que gira en torno a la Fiesta Nacional del Chamamé, porque son muchas actividades paralelas como cine, Chamamé Solidario, clases públicas, presentación de libros, tiendas, mercados, foros, entre otras cosas”, comentó Joselo Schuap.

La travesía dio inicio el sábado en horas del atardecer, cuando bajo el siempre imponente Peñón del Teyu Cuaré, desde El Luchador, el barco de madera que le sirve a Joselo de plataforma musical, salieron los primeros acordes para una disfrutar de un furioso atardecer a puro sapukay. Las familias que disfrutaban de la playa en las instalaciones del Club de Río fueron un público privilegiado para un show distendido que sirvió para aflojar tensiones y prepararse para los más de 300 kms aguas abajo que deberán recorrer en los próximos días.

Al caer el sol, las parejas presentes se llevaron regalos de Baterías Caden, uno de los sponsors de esta aventura organizada también con el apoyo de Náutica Menor, que convocó a navegantes amigos para el raid acuático. Tanto ellos como el Club de Río, se llevan siempre el mayor de los agradecimientos de Joselo y su troupe. La jornada finalizó con una peña en el restaurante. Allí, una sorprendente catarata de hits “rockeros, pero del de antes”, demostró que Joselo y sus amigos además de ser chamameceros de hueso colorado, aman la música con contenidos en general.

Por el río va
Con el sol a pique bajo las cabezas, la caravana náutica partió escoltada por la Prefectura. Allí, una breve tocata bajo el gran peñón que fuera casa del gran Horacio Quiroga y homenajeado por tantos artistas, el Luchador junto a las lanchas escoltas emprendió su bajada por el Paraná. Allí los privilegiados que tuvimos la suerte de compartir el viaje (se contó también con la presencia de Paulo Ferreyra, destacado periodista de cultura de la capital correntina), pudimos disfrutar del abrasador sol, las frescas y limpias aguas, los beneficios de una buena hidratación y, sobre todo, una catarata de aventuras y relatos de estos artistas que llevan casi tantos km recorridos, como metros cúbicos de agua transporta el majestuoso Paraná.

Hacia el atardecer, y previa escala en la playa de Candelaria para reaprovisionarnos, llegamos a los pies del monumento a Andresito Guacurarí, para que ahora sea el público posadeño el que disfrutara de ese cadencioso ritmo ancestral, que Joselo y los muchachos se encargan de homenajear.


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