La tecnología en el fútbol demostró no ser perfecta, y la decisión del árbitro evitó una injusticia



Durante el partido entre la Sampdoria y el Genoa, el sistema que utilizan los árbitros de la Serie A falló por primera vez y demostró que la tecnología no es perfecta.

En el minuto 39 de juego, el defensor argentino Matías Silvestre estrelló un cabezazo en el travesaño. La pelota, luego de pegar en el horizontal, picó fuera del arco y la jugada se diluyó. Sin embargo, el ojo de halcón vio lo contrario.

El aparato que llevan los árbitros en su muñeca, y que vibra y se ilumina cuando el balón cruza la línea de meta, se activó indicando que aquella acción debía considerarse como gol para la Sampdoria.

Al finalizar la acción, el juez Paolo Tagliavento se acercó a uno de los asistentes para corroborar lo que él había visto: que la pelota no había ingresado al arco. Finalmente, la terna arbitral indicó que no había sido gol y el partido continuó normalmente.

Este episodio fue una muestra de que la tecnología puede fallar y que el sistema no es perfecto, pero también de que, a pesar de las innovaciones, el árbitro sigue siendo la máxima autoridad del campo de juego.

La Federación Italiana de Fútbol aprobó el uso de la tecnología para algunos partidos de Serie A y B esta temporada, a la vez que implementó el mismo sistema que se utilizó durante la última Copa del Mundo y que fue aprobado por la FIFA.
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