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Apoyados por Turquía, rebeldes sirios tomaron ayer Dabiq; una profecía islámica la señala como el lugar del fin del mundo; empezó la ofensiva en Mosul



DAMASCO.- No fue una derrota más. Cada vez más arrinconados, los jihadistas de Estado Islámico (EI) perdieron ayer el control de Dabiq, la ciudad siria en la que el grupo extremista creía que iba a librar la batalla contra Occidente que daría inicio al apocalipsis.

Horas después de esta derrota, el gobierno iraquí anunció ayer el inicio de una gran ofensiva para recuperar Mosul, la segunda ciudad de Irak, cuya captura, en junio de 2014, dio lugar a la creación del califato.

La ofensiva sobre Mosul y la derrota en Dabiq, durante mucho tiempo pilar de la propaganda de EI, destacan el poder perdido por el grupo en un año en el que sufrió derrotas en Siria e Irak y la muerte de una serie de líderes de alto nivel en ataques aéreos.

Dabiq fue recuperada por rebeldes sirios apoyados por la aviación de Turquía, un país cada vez más involucrado en el combate con el grupo jihadista. Situada diez kilómetros al sur de la frontera turca y 33 al nordeste de Aleppo, la pérdida de Dabiq, de tan sólo 4000 habitantes, es más simbólica que estratégica.

Los jihadistas creen en una profecía del islam sunnita atribuida a Mahoma según la cual la "batalla final" entre los musulmanes y los "infieles" se desarrollará en Dabiq y el día del juicio final llegará con la victoria de los primeros.

Además, Dabiq le dio nombre a la revista mensual de propaganda que tiene el grupo en inglés, y la localidad sirvió también de escenario para varias ejecuciones que realizó el grupo extremista.

La ofensiva de ayer forma parte de la operación Escudo del Éufrates, que lidera Turquía desde el 21 de agosto pasado. El objetivo tanto de los rebeldes como de Ankara es expulsar a EI de la zona, pero además de ese enemigo común las fuerzas turcas buscan frenar el avance de las milicias kurdas en su frontera sur para evitar la formación de una franja dominada por grupos de esa minoría étnica.

Los rebeldes capturaron Dabiq y la vecina Soran después de unos enfrentamientos ayer por la mañana, dijo Ahmed Osman, jefe del grupo Sultan Murad, una de las facciones del Ejército de Siria Libre.

"El mito de Daesh [acrónimo peyorativo en árabe de Estado Islámico] de su gran batalla en Dabiq está terminado", dijo Osman.

Otro comandante rebelde sirio, Saif Abu Bakr, hizo referencia a que los combatientes de EI opusieron una resistencia "mínima" para defender su icónico bastión, situado en el norte de Siria, a algunas decenas de kilómetros de Aleppo.

En Dabiq, añadió Saif Abu Bakr, ingresaron cerca de 2000 milicianos rebeldes apoyados por un número impreciso de blindados, carros armados y medios de artillería del ejército turco.

Los jihadistas se retiraron sin oponer la feroz resistencia que numerosos estrategas esperaban, dirigiéndose hacia Al-Bab, otra ciudad siria en sus manos, un poco más al Sur, decididamente más importante desde el punto de vista estratégico. Abandonada por EI también está Soran, otra pequeña localidad al norte de Aleppo.


Los analistas calculan que desde el inicio de la operación Escudo del Éufrates los rebeldes apoyados por Turquía se apoderaron de 1130 kilómetros cuadrados.

Ahora, los rebeldes, el ejército sirio y los aviones de la coalición internacional compiten por despojarlos de su capital, Raqqa, una batalla clave para expulsarlos de Siria.

Según la firma norteamericana IHS, el califato de EI, que abarcaba 90.800 kilómetros cuadrados en Irak y Siria a principios de 2015, se limita hoy a 68.300.

En tanto, en Irak, las tropas iraquíes, junto con las milicias kurdas, más conocidas como peshmergas, anunciaron una ofensiva de gran envergadura para recuperar Mosul, la segunda ciudad del país y último feudo de EI.

Los jihadistas desplegaron más de 3500 combatientes en Mosul. Tal es su deseo de retener la ciudad que aseguraron que lo harán "hasta la muerte o la victoria", según se recoge en una carta interna que está circulando entre los mandos del grupo terrorista.

EI suma derrotas en todos los frentes. En agosto pasado, una alianza entre facciones kurdas y árabes logró arrebatarles a los extremistas la estratégica ciudad de Manbij, cerca de la frontera turca, que servía de puerta de entrada al califato.

Un mes más tarde, milicianos rebeldes apoyados por Ankara lograron conquistar la ciudad de Jarabulus, el último acceso de los jihadistas hacia Turquía.

El frente contra EI se da en forma paralela a la guerra civil que desde marzo de 2011 libra una coalición de rebeldes sirios contra el régimen de Bashar al-Assad. El ingreso decidido de fuerzas rusas para apoyar al presidente inclinó las fuerzas a favor de Damasco, que ahora está librando una batalla decisiva contra los rebeldes en Aleppo. Para Al-Assad, el ingreso de EI en la guerra se volvió un valioso pretexto para que las potencias occidentales no aceleraran su salida, ante el temor a que un vacío de poder pudiera allanarles el camino de los jihadistas.

Situada en el norte de la provincia de Aleppo y a pocos kilómetros de la frontera turca, Dabiq es una ciudad siria pequeña con poco más de 4000 habitantes. Sin embargo, para EI es un lugar con gran valor simbólico

Los jihadistas creen que en esta ciudad, según una profecía del islam, tendrá lugar la batalla final entre musulmanes e infieles, en la que vencerán los primeros

Dabiq es además el nombre de la revista de propaganda que tiene el grupo, que está escrita en inglés


Agencias AFP, ANSA, DPA, EFE y Reuters
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